El domingo de Resurrección es uno de los días festivos en México, celebrado como parte de la semana santa, es también una celebración en el resto del continente. Posee una especial significación a partir de su origen religioso y del impacto cultural que posee sobre todo por la trascendencia del catolicismo en la actualidad, ya que este día marca el triunfo de Jesucristo sobre la muerte y la apertura de posibilidad de la Ascensión a los cielos, para estar sentado a la derecha de Dios.

Celebra la fecha de la resurrección de Jesucristo luego de haber sido crucificado, muerto y dejado en el sepulcro. Es una fecha especial porque conmemora la creencia en Dios, la fe en las promesas y la palabra de Jesús como Mesías.

En México se realiza una misa dominical donde se recuerdan las enseñanzas de Jesús, su padecimiento y muerte. En esta fecha se enciende el cirio Pascual que representa simbólicamente a Cristo Resucitado y que permanece encendido hasta el día de Pentecostés en el que la Iglesia Católica celebra la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles y la Virgen María.

 

Desde la noche anterior se comienza la celebración con la vigilia Pascual, que se realiza en los templos e iglesias de todas las ciudades de México. El Domingo de Resurrección no se trabaja, ni siquiera en los establecimientos que deben hacerlo los domingo, solo aquellos lugares esencialmente obligatorios.

 

La luz es uno de los elementos simbólicos que acompaña esta celebración, las luces son encendidas en un momento determinado, y no antes, lo que aparece como un gran golpe de iluminación divina, y semeja la llegada de la luz para todos los hombres y mujeres, que creen en Dios.

La historia cuenta que en cuanto se hace de día, tres mujeres van al sepulcro donde Jesús estaba enterrado y ven que no está su cuerpo. Un Ángel les dice que ha resucitado. Van donde está la Virgen con los Apóstoles y les dan la gran noticia. Mientras tanto, Pedro y Juan corren al sepulcro y ven las vendas en el suelo. El desconsuelo que habían tenido la noche anterior se transforma en un júbilo general. Rápidamente lo transmiten a los demás Apóstoles y discípulos y todos permanecen con la Virgen en espera del gran momento de volver a encontrarse con el Señor.